Karel deVeer

Junta directiva, 2007-2011, 2016-2021
Tesorera, 2008-2011, 2019-2020, y cotesorera, 2021

Karel tiene que agradecer a dos mujeres en su vida el haber inspirado su viaje al Mental Wellness Center. La primera es su esposa desde hace 45 años, Jane Macedo de Veer, que formó parte de la junta del Mental Wellness Center y recomendó a Karel el gratificante servicio.

La segunda fue su madre, quien, según Karel, le inculcó desde muy joven la importancia de devolver a la sociedad lo que se le había dado.

«Mi madre dedicó toda su vida a ayudar a los demás», recordaba Karel. «Algunos de mis primeros recuerdos son de ella enviando ropa a las reservas indias, y recuerdo haber viajado con ella a México, donde trabajaba como voluntaria, llevando suministros y ropa a los más necesitados».

La generosidad de su madre tuvo una enorme influencia en Karel, quien prestó servicio en el ejército y vivió en distintos lugares hasta que finalmente se licenció en la Universidad de California, Berkeley. Se licenció en Psicología y pasó varios años impartiendo clases en la UCSB antes de iniciar su carrera como administrador de fincas.

Su formación en psicología y sus habilidades empresariales le resultaron muy útiles, ya que Karel formó parte de la junta directiva del Centro de Bienestar Mental durante dos mandatos, primero entre 2007 y 2011 y posteriormente entre 2016 y 2021. Su perspicacia empresarial fue especialmente valiosa durante el tiempo que Karel ocupó los cargos de tesorero y cotesorero en la junta.

Karel recuerda claramente las dificultades económicas a las que se enfrentó la organización, sobre todo en lo relativo a los contratos del nuevo edificio, que ahora es la sede de Garden Street. «Estuve muy involucrado en el proyecto y en la financiación de la construcción de nuestro nuevo centro, y fue un periodo increíblemente largo y caótico, pero la recompensa final mereció totalmente la pena a pesar de los retos a los que nos enfrentamos», afirmó.

Los recuerdos más vívidos de Karel son los que le muestran lo mucho que ha avanzado la organización desde aquellos primeros días en aquel diminuto local de la calle Chapala, que, según él, solo tenía capacidad para unas 15 personas y hasta eso era un poco justo. «Ver el recorrido desde donde empezamos hasta donde estamos ahora es increíble», afirmó. «Imaginar este nuevo espacio ampliado me parecía un cuento de hadas, y estoy muy orgulloso de haber formado parte de ese sueño».

La participación de Karel en el Centro de Bienestar Mental le devolvió al camino del servicio que llevaba arraigado desde su juventud. Y fueron las personas que conoció a lo largo de ese camino las que le mantuvieron comprometido.

«Las personas que participan en este tipo de trabajo voluntario tienen una mentalidad y un deseo de ayudar a los demás», afirmó. «Nadie busca mejorar su propia vida, sino que todos aquí se dedican a mejorar la vida de otras personas. Es un ambiente maravilloso».

El compromiso con las obras benéficas sigue vivo en la familia de Veers. Karel y Jane han inculcado a sus dos hijas la importancia de ayudar a los demás, y ambas trabajan en ámbitos en los que prestan servicio a la comunidad.